Elaboración del libro

En primer lugar, elegiremos la obra que vamos a reproducir y miniar. Preferentemente antigua, como máximo del siglo XVII, y de la que no se conozcan ediciones actuales. Mejor todavía que contengan ilustraciones. El contenido debe ser legible una vez esté en manos del lector.

Se eliminan fondos sucios y humedades con programas de retoque fotográfico. En otros casos hemos creado una fuente tipográfica exclusivamente para la obra que vamos a editar. En algunas ocasiones se incorporan imágenes coetáneas que aunque no aparecen en la obra original, son armónicas con el contexto..


La maquetación de la obra se realiza en hojas DINA4, que se imprime a dos caras.

Seguidamente se cortan las hojas con una guillotina de oficina (de tres en tres hojas), y una vez cortadas se doblan los cuadernillos al tiempo que con la tijera se corrigen los pequeños defectos puedan existir.

Unimos los cuadernillos y con unas “sargentas”, pinzas o abrazaderas, sujetamos y prensamos el bloque de lo que serán las páginas del libro.

Cosemos a mano los pequeños cuadernillos de 4 páginas, acabando el cosido en cadeneta, y se pegan con cola de encuadernar para rematar con la colocación de la cabezada en los extremos del lomo.

Las portadas se imprimen en papel artesanal, y finalmente se construye el estuche que contendrá el libro en base de cartón fino.

Alguno de estos libros, desde que se comenzó a copiar hasta que vimos el resultado final, tuvo que esperar un año para ver la luz.

Una vez que tenemos “el molde” de lo que será el libro, es decir, que está maquetado, podemos editar a una velocidad de… 2-3 ejemplares al día.